ADIOS, MIGUELILLO, ADIOS
Me he estado debatiendo unos días entre escribir un obituario a Miguelillo o considerarme por encima de la vulgaridad y no hacerle ni puto caso, pero en fin, ya pueden ver cuál ha sido el resultado. Más que nada lo he hecho porque a partir de ciertas edades siempre jode que deje de fumar uno de tu quinta, mientras el maldito gusanillo retumba en tu interior “el día menos pensado, Josema…” pero en fin, no nos pongamos tenebrosos y pensemos que el potencialmente explosivo cóctel de alcohol, viagra y analgésicos (para la resaca) seguirá sin pasar factura el día menos pensado, ni el forense tendrá que preguntarle a la putilla de turno (si la encuentran) qué coño había tomado el buen señor para diñarla de forma tan fulminante.
Por lo que estoy leyendo estos días parece que está de moda decir “no, yo no era fan de Miguelillo pero debo reconocer que…” blablablá. Bueno, pues yo sí, yo era un fan del muchacho ¿pasa algo? No tanto por sus canciones, que aun así son buenas y la producción la mejor que han visto los siglos venideros, sino por los vídeos que nos dejó en reserva. Y por las actuaciones en directo. Cualquiera que haya visto la rendición original de Billy Jean en los buenos tiempos de la Motown y no la haya convertido en su fantasía favorita para las noches de borrachera, subido en la barra del bar mientras la muchedumbre ruge enfervorecida, es que no tiene sensibilidad festivo-musical. O es una persona normal, que no sé qué es peor.
Un monstruo, el chaval. Una pena, acabar así –pero mil veces mejor que esperar a la parca con tu cerebro arrasado por el “accidente” vascular de turno, mientras la ecuatoriana de servicio empuja tu silla de ruedas y de paso te limpia la baba cuando recuerdes, inaccesible para nadie, los buenos tiempos del Manhattan–. Así que nada, Miguelillo, estés donde estés vete saludando a los que te encuentres, mientras esperas que el resto de nosotros nos vayamos incorporando. Ojalá que ahí te traten mejor de lo que te trataron en este perro mundo.
Confieso ruborizado que en el colmo de la vulgaridad me he bajado un recopilatorio del chaval que aún no tenía, más que nada para matar el rato con el iPod en el metro, ya saben. Debe ser cosa de la edad, que le vuelve a uno nostálgico… pero bueno, que conste que lo he hecho sin pagar, y además para compensar me he bajado el último de Lily Allen, nuestro pendón desorejado favorito, que se me había despistado. No, no es china ¿y qué?