Oh! China
El lado canalla de la China

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15
Jan

JAPONESAS

Posted in Gentes  by Josema

Hoy, avergonzado y abochornado, he caído en la cuenta de que nunca les cuento nada de mi experiencia educativa como estudiante de chino.  El hecho de que no haya nada (interesante) que contar no es excusa para no escribir siquiera unas líneas… pero jopé, es que de verdad no pasa nada digno de mención, estudiar chino es una de las experiencias más aburridas de mi existencia, se lo digo en serio… ahora entiendo porque es tan difícil aprender este condenado idioma:  es que NO QUIEREN que lo aprendamos, de otra forma no entiendo como la enseñanza de un idioma puede convertirse en algo tan pavorosamente soso e inconsistente.

Lo único que alegra moderadamente mis días en esta prestigiosa institución educativa son las japonesas, de las cuales, gracias a Dios, parece haber un suministro inagotable (también hay japoneses, pero a esos que les den morcilla).  Remedando aquella canción de los 70 (o de los 60, ya no me acuerdo) diria que “las japonesas tienen algo especial, las japonesas son guerreras”.  Las hay de todos los tipos y tamaños:  altas, bajas, gordas, flacas, guapas, feas, rubias, morenas… pero todas, absolutamente todas, tienen un morbo especial, que no se (aún) en qué consiste, pero que a ojos de un depravado internacional como servidor, las convierte automáticamente en oscuros objetos de deseo.  Serán esos atavíos y abalorios que se colocan de forma aparentemente aleatoria, y que a cualquier otra menos a ellas haría parecer ridícula… esos taconazos que las hacen crecer medio metro y andar de forma especial (extravagante, en cualquier otra, menos en ellas), esas minifaldas vertiginosas que ponen los pelos –y otras cosas- de punta, esas caras inexpresivas, y por tanto extremadamente eróticas, bajo flequillos hasta las pestañas y moños churriguerescos… ahora bien, mis favoritas, con diez cuerpos de ventaja sobre la segunda clasificada, son las que van vestidas de colegiala, minifalda a cuadros y coletas incluidas, cosa que yo creía exclusiva de las películas porno japonesas, pero que cuando te las encuentras viniendo de cara por un pasillo desierto te hacen buscar de forma inconsciente la pastilla para ponértela debajo de la lengua.  Creo que ahora entiendo mejor a los licenciosos ejecutivos japoneses, cuya receta para combatir el estrés laboral consiste en azotar enérgicamente tiernos culitos de colegialas japonesas, mientras ellas emiten deliciosos grititos con erótico entusiasmo… ya solo me faltan los doce mil millones de yenes que creo hacen falta para convertir esas fantasías en realidad.  Animo, Josema!

Afortunadamente para mi estabilidad financiera y emocional, las japonesas parecen pasar olímpicamente de un servidor.  Al principio, lo reconozco, es un sentimiento un poco extraño eso de que te miren como si fueras transparente o directamente inexistente, pero me imagino que para una chiquilla japonesa de buena familia, castigada a estudiar chino un semestre en Shanghai por haber sacado malas notas en el cole, eso de intercambiar siquiera media palabra con un extranjero feo, bajito y barrigón, que las dobla fácilmente en edad, no entra dentro de sus planes a corto plazo.  En mi clase hay varias japonesas, y todas ellas inabordables por distintas razones.  La más simpática, que al menos intercambia de vez en cuando un “buenos días”, haría las delicias de un ortodoncista en prácticas, amén de que tiene los pies cruzados uno mirando a Roma y otro a Tokio.  La que en principio tenía más potencial, no muy guapa pero algo más madurita y picarona que las colegialas, se ha decantado sin ambages por un ejecutivo de medio pelo del banco de Yokohama exiliado a China por sus jefes, probablemente por golfo.  Y la única que vale la pena, una chavalita monísima que parece sacada de los fotogramas de “Yukiko y el equipo de Sumo”, fue rápidamente monopolizada por un agresivo mozalbete (japonés también, esta gente practica la endogamia de forma superlativa) que talmente parece un joven becario “yakuza” que deja la Suzuki Katana (o lo que se lleve ahora) directamente en la puerta del aula.  Llegan todas los días juntitos a clase a media mañana, con cara inocente de recién levantados de la cama, y unos coloretes –ella- más que sospechosos.  Mal rayo le parta –a él-.

Pero en fin, no nos obsesionemos con las japonesas, caramba.  ¿O es que va a resultar ahora que nos hemos equivocado –otra vez- de país?  Que no, que no, que aún queda mucha vida en China, lo de las japonesas es todo fachada y sofisticación pretenciosa, hombre… Y si no ya verán, el mes que viene cambio de curso y seguro que me vuelve a tocar otra recua de japonesas pedorras… ya les contaré, ya.

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17
Dec

SI MAX PLANCK LEVANTARA LA CABEZA

Posted in Idioma  by Josema

Antiguo poema chinoEl día que enseñaron mecánica cuántica yo falté a clase, pero creo que recordar que Max Planck era un físico insigne que hasta mereció un premio Nobel.  Estoy también seguro de que era un tío estupendo, así que lo que han hecho los fulanos del instituto de investigación que lleva su nombre no tiene perdón.

  • - Klaus, vamos a hacer un número especial de nuestro boletín dedicado a China.  Busca algo mono para la portada.
  • - ¿China? Joer que difícil… ¿y que pongo?
  • - Coño, yo que sé… un poema antiguo, o algo en chino.  ¿Tú no tenias una novia china?  Pues venga, búscate la vida.

El resultado del “poema antiguo” ha sido algo así como esto:

“Nuevo management a cargo de las conocidas mamasanes KK y Jiamei, que tienen el orgullo de presentarles a las más guapas y jóvenes mozuelas, bellezas del norte en sugerentes atavíos, y calentorras amas de casa aún de buen ver.  Todo para su disfrute y deleite en nuestras acogedoras instalaciones”.

Chica listaEfectivamente, la fuente de información del bueno de Klaus le mandó un anuncio promocional de algún putiferio, club de baile sin pista o karaoke de Hong-Kong.  Total, escrito en chino nadie lo iba a entender, y menos en Alemania…  Creo que el responsable del desaguisado pasa ahora sus días en la sucursal del instituto en algún pueblecito chino no muy lejos del mío, para que vaya aprendiendo el lenguaje nativo.

Al menos le queda el consuelo de que la caligrafía era, efectivamente, muy mona.

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