Oh! China
El lado canalla de la China
8
Jul

JULU ROAD, SHANGHAI

Posted in Gentes, Lugares  by Josema

Hubo una época de mi vida en Shanghai –qué bien, hablo ya como un millonario retirado– en la que viví en Julu Lu, en el comienzo del barrio francés, como los ricos.  Desde la ventana de mi cuarto de baño veía todas las madrugadas, cuando me levantaba a horas intempestivas para vaciar la vejiga como un carcamal, la ristra de bares con sus luces multicolores que forman la zona de más ambiente de la calle, cerca del Hilton, y me imaginaba con un poco de envidia lo que en esos momentos podía estar pasando dentro.  Nueve bares seguidos en un lado, que los he contado, y otros dos o tres en la acera opuesta, forman un cluster de perdición que en los buenos tiempos rivalizaba –o mejor dicho, complementaba– la otra zona canalla que hubo por excelencia en esta ciudad, la inefable Maoming Lu.  Los bares, como se puede usted imaginar, no son precisamente del tipo donde llevaría a su mujer y los niños a tomar el vermú con aceitunas de los domingos, a menos que pretenda usted que hasta sus retoños terminen pagándoles copas a las alegres muchachas que pululan en bandadas por el interior de cada uno, exprimiendo las carteras de los incautos laowais con encomiables –y al mismo tiempo espeluznantes– velocidad y habilidad.

Dicen las malas lenguas que aunque el ambiente de Julu Lu ha caído en picado, en relación directamente proporcional al vertiginoso ascenso en popularidad del Tongren strip, aún es posible encontrar ambiente simiesco a altas horas de la madrugada, y que si es usted un avezado y antiguo laowai, de los que tomaban copas con Marco Polo y se las saben todas, incluso se las puede arreglar para que le hagan un “trabajo fino de boca” –ya me entiende– en la trastienda de alguno de los tenebrosos tugurios que se hacen pasar por bares.  Desconozco si tan tremebunda afirmación es cierta o se trata tan sólo de una leyenda urbana más, lo cierto es que en aquella ocasión en que V y yo decidimos terminar la noche deambulando por sus garitos, la calle estaba bastante menos que animada.  V había venido a Shanghai con poco tiempo y estaba firmemente decido a “quemar la noche” conmigo –cuando se pone así de serio es particularmente entrañable, teniendo en cuenta que se cuece como un piojo a la tercera copa– así que tras la preceptiva ronda por los lugares de rigor a un servidor no se le ocurrió otra cosa que ver si las fantasías eróticas forjadas durante tantas noches en el baño de mi casa podían llegar a convertirse en realidad.

chicas de Julu LuV se había apalancado a una desgarbada mozuela oriunda de alguna remota aldea de la China profunda, que estaba encaramada a un taburete alto al lado de la barra, las piernas abiertas y la minifalda remangada, ofreciendo invitadora unas encantadoras bragas de encaje azul claro a la mirada de todos los parroquianos en general y a la mano de mi amigo en particular.  Este, sin embargo, víctima de una tajada como la copa de un baobab, no conseguía meterle mano ni a tiros, lo que daba entre pena y risa de ver, dado que la cosa constituye su particular y prácticamente única perversión.  Yo estaba de pie apoyado en una esquina medio apartada, observando con especial fascinación todo lo que ocurría ante mis ojos como a cámara lenta, efecto probablemente del alcohol adulterado que para entonces corría en abundancia por mis venas.  Tenía cariñosamente amarrada a mi barriga una chavala como de metro cuarenta, pelo largo y complexión escuálida, que lucía sin embargo un canalillo algo más que espectacular, fruto sin duda del wonderbra siete tallas más pequeño que la suya que llevaba puesto.  Mientras yo me preguntaba cómo diablos se las arreglaría para respirar, la buena mujer levantó hacia mí su carita angelical, se puso de puntillas y deslizándome una mano por la nuca me atizó el muerdo más fantástico que me han proporcionado en mi vida entera, de esos que hacen afición, con la humedad justa, la presión exacta y sin dejar un rincón de mi boca por explorar.  Cómo sería la cosa que hasta mi hermano pequeño, que se había retirado a dormir haría cosa de un par de horas, se despertó y levantó su tierna cabecita para preguntar qué pasaba.  Mientras estaba calculando –con especial dificultad, todo hay que decirlo– las insospechadas posibilidades que la nueva situación abría ante mis ojos, me llegaron, inoportunos y ensordecedores, los gritos de V, que agitaba en su mano una cuenta de seiscientos yuanes y exigía con alcohólica insistencia la inmediata presencia de la policía.  Ante la mirada de fastidio de las cuatro chavalitas de servicio, y las de indiferencia del otro par de idiotas clientes que quedaban en el bar, intenté explicarle a V que quizás no fuera una buena idea llamar a la policía a una hora tan intempestiva, y menos en semejante lugar, compañía y estado etílico.  Mientras tanto observaba de reojo, cada vez más alarmado, las inquietantes evoluciones de un chino de dos veinte y trescientos kilos de peso que había aparecido como por ensalmo detrás de la barra.  Al final agarré a mi amigo de un brazo y lo saqué a tirones del local –no sin antes pagar la procelosa cuenta, of course– para meterlo a presión en un taxi con rumbo a su hotel mientras el buen hombre preguntaba con voz resbalosa a dónde íbamos ahora.  Era de día ya, me dolía la cabeza y me dirigí andando despacio a mi casa, sorteando a duras penas los árboles y los escupitajos de la acera.

Al día siguiente, mientras luchaba por vestirme e intentaba contrarrestar con poco éxito los efectos de un clavo espectacular sobre el sentido del equilibrio, encontré en un bolsillo del pantalón un papel arrugado, con un nombre –Angell, con dos eles, no me jodas– y un número de teléfono escritos en él.  Durante ese día, ocupado como estuve en luchar contra los vómitos inoportunos y resolver al mismo tiempo los problemas habituales de la oficina, no me paré mucho a pensar en el tema, pero a eso de las ocho, a punto ya de plegar, me dio por querer ser malo y ver si lo del día anterior había sido sólo un sueño o allí había material para un poco de jaleo.  Entré por Julu Lu en vez de ir a casa derecho, y efectivamente, la mayoría de los bares estaban ya abriendo o a punto de hacerlo.  Rescaté de entre las brumas de mi memoria el nombre del garito de la noche anterior, abrí la puerta con un poco de prevención mezclada de malsana excitación, y pasó lo que tenía que pasar.

El bar estaba vacío.  Angell, o como demonios se llamara, estaba sentada a la barra, tiernamente abrazada a un tipo chino bastante joven, con patillas de bandolero, chaqueta blanca y camisa negra de cuello enorme abierta hasta el ombligo, al que sólo le faltaba el pantalón de lentejuelas para convertirse en figurante oficial de “Fiebre del Sábado Noche”.  Ella me vio entrar, me reconoció al instante y miró de golpe para otro lado.  El macarra de su vera me midió con curiosidad de arriba abajo, le dio una calada a su cigarrillo y escupió despectivamente el humo en mi dirección.  Me quedé plantado como un estúpido, sin saber cómo reaccionar ni dónde mirar, mientras una de las supuestas camareras trataba de agarrarme de la mano y llevarme hacia dentro del local.  Se quedó entre pasmada y ofendida cuando me zafé de su mano con un tirón muy poco elegante, y me gritó algo que no entendí mientras me alejaba con paso desigual y ánimo sombrío.  “¿De dónde vienes a estas horas?” preguntó mi mujer con tono molesto cuando entré en casa.  “Seguro que de algún bar, hay que ver cómo te gustan”.  “Seguro, ya ves”, contesté mientras me abría una cerveza.

3 Responses to “JULU ROAD, SHANGHAI”

  1. Albert Says:

    “incluso se las puede arreglar para que le hagan un “trabajo fino de boca” –ya me entiende– en la trastienda de alguno de los tenebrosos tugurios que se hacen pasar por bares. Desconozco si tan tremebunda afirmación es cierta o se trata tan sólo de una leyenda urbana más”

    Por Dios Don Josema, o esta usted siendo pudoroso ó no me puedo creer que no lo explique, “los trabajos finos de boca” se podían y se pueden hacer aún hoy en día, no solo en la trastienda si no es cualquier parte del bar. Recuerdo una de las historia más “freakis” que me han sucedido, hará 6 ó 7 años llevaba un colocón terrible debido a que me entro “morriña” al escuchar en el Goodfellas (no me diga que no escribió su nombre en el techo ó en alguna de sus paredes), la DJ me había puesto en mi honor música rock española y para celebrarlo me había bebido unos cuantos bourbons, al salir de Goodfellas, un bar de Julu Lu sin “parroquianas”, pienso que el único (por cierto sigue abierto), entré en el siguiente, el último de los bares, cerca ya de Changsu Lu ó Huashan Lu (¿Porque los chinos a una misma calle la llaman como le sale de los…..?) bueno, bueno, no perdamos el hilo, entré en el bar y al cabo de 5 minutos estaba con mi “xiao titi” en la mano de “una parroquiana” que lo estaba limpiando con mi bourbon, operación que escuece un huevo y parte de alrededores, para proceder a continuación a limpiarlo más a conciencia con la lengua, todo esto, no en la trastienda sino en una esquina del bar, con una par de clientes al lado, ahora que lo pienso………..no serían usted y su amigo V…….hahahahaha. La parte más dura vino a continuación cuando me pidió una cantidad exorbitante de dinero y perdí unas horas de sueño, “regateando” como Maradona a un montón de ingleses, yo en este caso a un montón de “parroquianas”, a Maradona me lo encontré una vez en la BBQ Argentina de Xianxia Lu y acabamos la noche en el Budha Bar después que acabara con toda la sambuca del Baby Face, del Manhattan, del Judys y de un largo etcétera de bares de Maoming Lu.
    Un abrazo y cuídese mucho.

  2. Josema Says:

    Don Albert, comprenda usted que esto no es un blog porno y ademas hay que dejar ciertas cosas a la imaginacion… amen de que hay otras cosas que si las cuentas como son, nadie se lo cree y encima le llaman a uno fantasma. Pero me alegra de que de usted testimonio fehaciente de las cosas que sucenden en Shanghai, y nada menos que de primera mano :)
    No, no eramos V y yo, lo nuestro paso un par de años o tres mas tarde. Yo ademas no bebo bourbon, jeje. Por cierto, hubiera dado yo dinero por ver al “Pelusa” por Shanghai cocido como un piojo (me imagino). No tendra algun documento grafico ilustrativo del momento? le prometo discrecion…

  3. keiso Says:

    si se sale vivo de la Ju Lu Lu, se sobrevive en cualquier ambiente hostíl.

    salir vivo borracho es ya de fuerzas especiales…

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