Oh! China
El lado canalla de la China

Archive for December, 2009

24
Dec

¡FELIZ NAVIDAD! …

Posted in Costumbres  by Josema

… y feliz aniversario!.  El anterior post hizo el número 100 de Oh! China.  Enhorabuena a todos por haber llegado hasta aquí, y que pasen unas felices y “canallas” fiestas!

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19
Dec

WANG YUE

Posted in Gentes  by Josema

-  Yo no te gusto.
-  No digas cosas raras.  ¿Por qué no me ibas a gustar?
-  Porque no me miras.
-  Es que tengo conjuntivitis y me duelen los ojos, joder.
-  Ya.

Wang Yue a veces es tierna como un peluche, como en la ocasión en que estábamos cenando y me salió con esas.  Y no andaba desencaminada del todo, no.  Hay que ver, el instinto.

Wang Yue es una muchachita cuasi-campesina de la muy noble y muy leal provincia de Sichuan.  Ella dice que es del mismo Chengdu, pero eso es como cuando los del norte decimos con orgullo que somos de Bilbao, hasta que al ser presionados un poco más terminamos por reconocer que “hombre, no del mismo Bilbao…”.  Así que Wang Yue a los efectos viene a ser como de “serca” de Chengdu, lo cual la convierte en aún mas entrañable.

Wang YueWang Yue es una demostración andante de la posición social de la mujer en China, de la cual nos olvidamos con frecuencia los laowais procedentes de países supuestamente civilizados, deslumbrados por los bellezones y ejecutivas agresivas que desfilan por Huaihai Lu.  En nuestros países de origen impera desde hace tiempo una simpática política de igualdad de sexos que hace que las mujeres a efectos prácticos tengan muchos más derechos que los hombres.  Aquí no.  Wang Yue en su pueblo tenía 24 años y novio para casarse, hasta que el buen muchacho –probablemente persuadido por los campechanos encantos de alguna otra lugareña- decidió dejar la boda para mejor ocasión y de paso dejarla tirada como a una colilla.  Esto automáticamente convirtió a Wang Yue en un producto de desecho a efectos matrimoniales, lo que previene al resto de posibles candidatos de toda la comarca de ni siquiera osar mirarla.  Con esa edad, soltera y repudiada, su único recurso, como el de cientos de miles –por no decir millones- de muchachitas de la China rural, es el de buscar cobijo en la gran ciudad, donde nadie te conoce.  Allí,  con algo de suerte –en realidad con infinita suerte-  tratan de encontrar otro novio, seguramente mucho mayor que ellas, porfiando hasta conseguir que las lleven al altar, obviando los a menudo turbios motivos que guían a los hombres en estos casos.  ¿Trabajar y poder llevar una vida autónoma, moderadamente confortable?  No me hagan reír.

Lo que pasa es que Wang Yue, a pesar de las bofetadas de la vida, aún conserva una vena romántica, y se empeña –como alguno que yo me sé- en buscar el amor verdadero en sitios un poco peculiares.  El Manhattan y garitos de similar pelaje están bien para desarrollar diversas y placenteras actividades, pero entre ellas por desgracia no se encuentra el encontrar al hombre o mujer de tu vida.  Allí me la encontré una noche que andaba un poco tenebroso, y allí me convertí, aun sin saberlo, en su tierno objeto de deseo.  Este tipo de muchachas, a las que –de forma acertada o no- guía un interés mucho mayor que el meramente pecuniario, son sin duda las mejores compañeras de “actividades”, así que esa noche y un par de ellas posteriores fueron una refrescante experiencia de ternura, pasión y entusiasmo.  Pero un servidor, a pesar de ejercer de crápula en funciones, conserva un pedazo de corazoncito que ni el alcohol adulterado logra destruir, así que una noche que Wang Yue me sometió a un interrogatorio de tercer grado, encaminado sin duda a evaluar mi candidatura como posible compañero de fatigas, le conté sin mas preámbulos la verdad de mi estatus erótico-familiar.  Pocas veces en mi vida he visto una transformación más profunda y a la vez más dolorosa que la que sufrió su rostro en aquel momento.  “¿Tienes… cuatro hijos?” preguntó con voz derrotada, mientras sus esperanzas se iban haciendo añicos contra el sucio suelo de aquel restaurante sichuanés de medio pelo.  “Y alguno más que no conozco, con toda probabilidad” bromeé, con torpe ánimo de quitarle hierro al asunto.  Pero ya era inútil.  A partir de aquella noche Wang Yue no se me volvió a acercar, y las veces que mis maltrechos huesos recalaban en el Manhattan me miraba de lejos con una mezcla de pena y decepción en su mirada.  No me rechazó sin embargo en el par de ocasiones que reclamé sus servicios con posterioridad, en un vano intento de recuperar aquella pasión y el frenesí de antaño, e incluso se portó con encomiable simpatía y donosura.  Pero ciertas cosas que se van por el sumidero de la vida son imposibles de recuperar, por más que nos empeñemos.

Así es que en la penúltima ocasión que decidí ser malo, más que nada por no perder la costumbre –dicen los médicos que somos lo que comemos, y yo digo que somos lo que entrenamos- y entre otras cosas porque llevaba ya una semana mirándole el culo a la criada con animo libidinoso, tiré de agenda y llamé a Wang Yue.  No es que ya no me atraiga salir de caza, pero repito, era entrenamiento, no competición, así que la llamé a ella como antídoto contra posibles sorpresas, siempre desagradables cuando uno está en baja forma.  Accedió sin hacerse de rogar, pero con nuestros antecedentes penales, poco es de extrañar que la muchacha no estuviera especialmente receptiva, y tuviera lugar la conversación que relataba al principio.  Me comentó que su ex-novio le había escrito para decirle que se había casado.  “El muy capullo”, añadió con desprecio mientras escupía en el plato los huesos del sapo picante que nos estábamos merendando.  Más tarde, y ya en la fase del cuerpo a cuerpo, me sorprendió su insistencia inquebrantable en el uso del preservativo a ultranza, incluso para maniobras buco-manipulatorias, cuando antes se mostraba mucho más liberal en el tema (no es que uno sea un insensato -que lo soy, qué caramba-, es que a veces a uno le gusta caminar por el filo de la navaja, ya me entienden).  Se había también depilado –afeitado, sería más exacto decir- sus partes pudendas, allí donde antes lucía una sedosa y excitante mata de pelo.  Y por último, me despertó a las cuatro de la madrugada, para decirme que no podía dormir y se quería ir.  Aquello terminó de convencerme de que mi dulce y entrañable campesina de antaño había sido sustituida por la endurecida profesional de hoy –ya saben, las putas de verdad duermen de día.  Las que lo hacen de noche, y como troncos, son las freelancer amateur, Dios las bendiga-.  La acompañé a la puerta, con un poco de pena.  Ella ni se volvió para despedirse.

-  No puedo abrir un ojo, me pica horrores –me llegó su SMS a la mañana siguiente-.
-  Te habré contagiado la conjuntivitis, vete a la farmacia y que te den unas gotas.
-  He tenido que ir al hospital, me dolía mucho y no podía ver
–me escribió unas horas mas tarde-.  Era la lentilla, que se me metió ayer mientras dormía contigo.  Ya está arreglado, gracias por preocuparte tanto.
-  De nada corazón, ya estaremos.

Que romántico.

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17
Dec

FLASH FORWARD

Posted in General  by Josema

Flash Forward“Flash Forward” es una serie americana (cómo no) de televisión, ambiciosa y pretenciosa a la vez, que ha estado de moda durante unas cuantas efímeras semanas.  Según el guión original, la humanidad entera se duerme de repente durante dos minutos y 17 segundos, durante los cuales –además de suceder innumerables accidentes-, los durmientes tienen acceso onírico ocasional al futuro de sus vidas tal y como serán exactamente dentro de seis meses… y a partir de ahí el caos, of course.  La serie, para los pardillos (que somos) aficionados a las series de culto, como digo empezó muy bien, pero actualmente se encuentra hundida en el típico pozo hollywoodense donde nunca se sabe si una serie funciona porque han encontrado nuevos guionistas o la dieta de cocaína y anfetas ha dado por fin resultado.  En fin.

Bueno, pues comparado con la actualidad shanghainesa, eso son simples mariconadas, qué quieren que les diga.  Qué mas quisiéramos que tener esos dos minutos y pico para intentar siquiera adivinar el futuro… aquí uno pestañea un milisegundo más de la cuenta, y le cambian la calle de sitio.  ¿Recuerdan que hace poco les comentaba que iban a cerrar la inefable Tongren Lu, antro de perdición donde los haya?  Bueno, pues antes incluso de que hayan retirado los neones de su sitio, ya están abriendo los garitos en su nueva localización, caso por ejemplo del Manhattan, que hoy mismo inaugura nuevo local no muy lejos de donde estuvo, y a cuya reapertura tengo que faltar a pesar de estar cordialmente invitado.  Judy’s, todo un clásico,  también abre local muy cerca, no sé si hoy o en todo caso muy pronto.  Y la joya de las inauguraciones… el nuevo “Da Tong Mill” esta a punto de caramelo, para abrir el mes que viene.  Vive Dios que promete, un complejo subterráneo de bares, restaurantes y todo eso, que sin duda hará su agosto con los cientos de miles o millones de visitantes que se esperan para la Expo y demás zarandajas.  Hoy he estado viéndolo con Mei Mei, que tiene ganas de abrir un bar ahí y necesita inversionistas… ¿alguien se anima?

Qué distinto es todo esto a lo que estamos acostumbrados en países lejanos –tanto en distancia como en cultura-, donde para abrir un modesto negocio, sea un bar de barrio o una tienda de vecindad, hay que pensárselo cientos de veces y calcular con ayuda de un asesor fiscal de gran calibre las implicaciones económicas (mayormente los impuestos) de la inversión… aquí te duermes en los laureles y te comen la tostada, te lo piensas media hora y te levantan el local que te gustaba y para el que ya estabas pergeñando la decoración… y donde en un mes, con algo de dinero y un par de lo que hay que tener, uno puede ser dueño de su propio destino, únicamente a merced –aparte de sí mismo- de los clientes y de la competencia, no del gobierno.  ¿No les parece maravilloso?  Modelo asiático de desarrollo, que le llaman… y que en buena lógica se tiene que expandir a corto plazo al resto del mundo esclerótico-capitalista.  Se avecinan tiempos interesantes, se lo digo yo.

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11
Dec

THE END OF THE WORLD (AS WE KNEW IT)

Posted in Lugares  by Josema

tongren-lu-4-amBueno, pues parece ser que los rumores se confirman:  La inefable  calle Tong Ren de Shanghai (Tongren Lu para los amigos), antro de perdición donde los haya, escenario cutrelux de tropelías alcohólico-sexuales sin par, incubadora infatigable de leyendas urbanas (con muertos incluidos)… desaparece.  Entiéndanme, la calle en sí no se evapora misteriosamente, sino que van a cerrar los tropecientos bares hilvanados sin solución de continuidad -y en tres niveles superpuestos, para mayor escarnio- que la conforman y que en su día establecieron toda una época de referencia en el Shanghai canalla de principios del siglo XXI (toma ya).

El rumor, convertido hoy día en certeza, me llegó a través del señor A, infatigable comentarista de estas crónicas y gran conocedor de la noche shanghaitarra, mediante un mordaz comentario que dejó hace unos días en el blog y que tuvo la virtud de dispararme todas las alarmas.  Fíjense si vivo apartado del mundanal ruido que no me había enterado de nada… ¿un supuesto canalla como yo? “shame on me”, que se dice. Como castigo ejemplar, me he rebajado yo mismo cuarenta puestos en el ranking asiático de canallas vivos –y a este paso me temo que me va a costar recuperar la posición casi tanto como a un tenista que yo me sé recobrar el numero uno-.

A decir verdad, Tongren Lu nunca ha sido uno de mis destinos favoritos… imagínense una calle de cien metros de largo mal medidos, con un lado vacío y únicamente adornado con una triste tapia, y en el otro un edificio horroroso de cristal con tres alturas, cuajado en su inmensa mayoría de baretos pretendidamente canallas y antros similares.  Este cluster de locales tan ecléctico arrancó en su día –hará ya cosa de cinco años, hay que ver cómo pasa el tiempo- como improbable heredero de la tan añorada Maoming Lu, y pronto pasó a recoger los desechos humanos, entre los cuales tuve el dudoso honor de contarme, del nunca bien ponderado y jamás olvidado “Bourbon Street”.  Las señoritas de compañía por aquel entonces eran en su mayor parte de extracción local, por naturaleza poco estridentes, una mezcla de “talking girls” y putillas freelancer que la mayoría de las veces de puro ingenuas resultaban hasta entrañables.  Y así, poco a poco, la tribu canalla de aquella época nos fuimos acostumbrando a lo que había… y qué caramba, hasta llegamos a disfrutarlo (cómo no).  Al fin y al cabo, como diría un buen amigo mío -un poco bruto, eso sí- “ a falta de pan, buenas son hostias”.  Hasta que un buen día, y sin que nadie recuerde muy bien cómo, desembarcó en Tongren Lu una nutrida turba de filipinas, ruidosas, descaradas y con un instinto comercial exacerbado, y con ellas llegó el escándalo.  A partir de ahí vietnamitas, coreanas, tailandesas, rusas y demás gentes de mal vivir –ladyboys incluidos/as- conformaban todos los días de la semana, con más o menos altibajos, una colorista tropa a la cual nos uníamos alegre e inconscientemente los parroquianos de costumbre -siempre que nuestras múltiples obligaciones nos lo permitieran, por supuesto-.

Sin embargo algunas noches, a altas horas de la madrugada, cuando aquello se convertía en una sucursal autorizada de Sodoma y Gomorra, casi daba vergüenza ajena –y propia- pasearse por la calle.  Entre las celosas trabajadoras de los pisos altos, que bajaban a buscar clientes a la calle, y las funcionarias profesionales que hacían la calle como alternativa barata a las endurecidas meretrices con plaza fija en barra, parecíamos todos grotescos miembros de la tropa de un circo cutre y barato, enquistado de forma molesta en las brillantes entrañas de una ciudad cosmopolita y progresiva, y al que por tanto las autoridades –competentes, por supuesto- no tardarían en echar el candado.

Chicas de Tongren_022Y eso parece que va a suceder por fin, y no me parece mal del todo.  Unos dicen que es cosa de la Expo del año que viene, como parte de la campaña municipal para “limpiar” la ciudad y presentarla como espejo de la China que viene.  Otros dicen que simplemente es que se terminan los contratos de alquiler de los locales, y los dueños del edificio tienen mejores planes para el mismo, ahora que enfrente van a construir un complejo –otro, quiero decir- de hotel de lujo, balneario, centro comercial y lo que se tercie.  Parece ser que Judy’s, uno de los locales pioneros y emblemáticos de la calle, va a reabrir sus puertas unos metros mas allá, en la misma calle pero lejos del edificio maldito.  Que Manhattan, estrella incontestable de la zona sin que nadie acierte muy bien a explicarse cómo lo ha conseguido, se va a mover también al principio de la calle, cerca del archifamoso Malone’s.  Incluso hablan que la mayoría de garitos se trasladarán en bloque a un nuevo cocedero de mariscos al principio de Julu Lu, cerca de la Plaza del Pueblo (me encanta el nombre), que será una versión en subterráneo de las Orchard Towers de Singapur.

Pues bueno, pase lo que pase, para los aventureros como un servidor (aunque actualmente esté en periodo transitorio de hibernación), esto son excelentes noticias.  Qué demonios, hay que renovarse, buscar y explorar nuevos caladeros de pesca, combatir la depresión matinal de asomarse al espejo y ver como pasan los años, sentirse vivo, joder (en ambas acepciones).  Por supuesto que hay vida después de Tongren Lu, porque una cosa es cierta… cierren los bares o no, se muevan a otro sitio o echen el cierre definitivo, las que no desaparecerán serán las de siempre.  Con un poco de suerte incluso, quizás hasta se renueve el material.  Al fin y al cabo, como decía mi profesor de Física, “las putas son como la energía:  ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman”.

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