Oh! China
El lado canalla de la China

Archive for February, 2009

27
Feb

Y AUN DICEN QUE HAY POCO TRABAJO

Posted in Trabajo  by Josema

¨Holle, sir!  My name is Eling, Chinese name is ██████.  I am glad that you can give me this audition chance.  I have about 6 years of experience in ████████ sales.  I am very enjoy in the sales.  But my English spoken and listening is very poor.  Allow me bring a translator please, can I?¨

La verdad es que la individua que me acaba de mandar el mensaje de arriba al móvil (transcripción literal) no está exenta de cierta desfachatez, lo cual la hace hasta graciosa.  Y lo malo es que lo hacen de forma totalmente inconsciente, casi sonriendo, como si fuera lo más normal del mundo.  Es una tipa con un currículum interesante, ahora que para contestar a un anuncio de trabajo en inglés, para ingeniero de ventas internacional, pedir sin ruborizarse un caché de 100 a 150.000 renminbises al año (lo que te pone el coste de la fulana en bastante más de mil Euros al mes) y luego mandar semejante mensaje al tipo que te va a entrevistar, hay que tener un par de cojones.  O de ovarios, en su caso.

No es la única descerebrada que busca algún idiota que la contrate.  Hay uno que justo hoy acababa de firmar con otra empresa, no obstante si le hacíamos una oferta económica interesante “podría considerar” cambiar de trabajo.  Así, de saque y a vuelapluma, oiga.  Otro de los supuestos “superstars” que nos ha mandado el CV, al llamarle para concertar una entrevista no sólo no tenía ni zorra idea desde qué empresa le estábamos llamando, sino que encima ha pedido altivamente información sobre nuestras actividades, “para ver si me interesa”, y en caso afirmativo buscarnos un hueco en su apretada agenda para poder recibirnos.  Así ad infinitum, o más bien ad nauseam.

Fuera de servicio¿Pero dónde coño va este país con gente así? ¿O es que me tocan a mí todos los gilipollas? Qué paciencia, joder.  Al tipo este último lo va a entrevistar su puta madre, con perdón.  La fulana de arriba, en cambio, me ha descolocado tanto que en vez de contestarle ¨Dear Eling, I am happy that you are very enjoy in the sales, I enjoy other things that would like to discuss with you¨, le he contestado que sí, que venga con su intérprete, que con un poco de suerte será también mujer y así aumentan las posibilidades estadísticas de que una de las dos esté buena.  De esta forma, aunque trabajo no les pienso dar -en todo caso se lo daría a la intérprete, si traduce bien- por lo menos nos podemos ir a cenar y tomar unas copas, si se tercia.  Se lo pienso proponer, que conste, porque como decimos en mi pueblo, “pa chulo yo, y pa pegarse, mi padre”.  Lo malo es si el intérprete es su novio.  En fin.

Mirémoslo por el lado bueno, que siempre lo hay en este país.  Para hacer las entrevistas tengo que subir a Shanghai, y como terminarán tarde, tendré que hacer un “sacrificio” y quedarme a dormir allí.  Aunque probablemente estará lloviendo, después de cenar en Malone’s me daré una vuelta por los bares de antaño, e incluso es probable que le tome el pulso al TongRen “strip”.  Al menos, las que buscan trabajo por esos barrios no necesitan intérprete para hacerse entender.  Ya les contaré.

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25
Feb

LA CHICA DEL DRAGON

Posted in Tatuajes  by Josema

La Chica del Dragon

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22
Feb

BLACK SCREEN OF DEATH (KSoD)

Posted in General  by Josema

Lo de arriba no se crean que es el título de una película candidata al Oscar, ni mucho menos.  Es el hermoso nombre de la última mierda gracia de los creadores de Windows Vista, cortesía directa de Microsoft.  ¿Se acuerdan ustedes del famoso pantallazo azul, acertadamente denominado “de la muerte”, que sobrevenía en el momento más inoportuno cuando usted estaba trabajando con Windows, y que helaba la sangre en las venas al más pintado? (amén de las innumerables horas de trabajo perdidas).  Bueno, pues Vista, cómo no, también tiene su pantalla de la muerte, en este caso negra.  Qué potito.  ¿Lo sabían?  Yo tampoco.  Hasta el viernes pasado.

BSoDYo era de los que se reían de los extremistas que desinstalan el Vista que viene con los ordenadores nuevos, para instalar XP o alguna versión antigua.  Yo pensaba “qué exagerada es la gente, hay que ver”.  Hombre, algún problemilla sí que dará, como todas las cosas nuevas, pero nada que no se pueda solucionar con un poco de ingenio -y algunos conocimientos de informática, claro está.  Qué pardillos.  Pero el viernes a primera hora, cuando intenté arrancar el ordenador y lo único que conseguí, hora tras hora de ímprobos esfuerzos, fue una preciosa pantalla negra con el contumaz cursor inmóvil en el centro, insultante en su inmaculada blancura, empecé a sospechar que me había tocado la china, versión electrónica.  Lo peor, como siempre en estos casos, es la cara de tonto que se te queda.

Mi secretaria, que ya ha aprendido a detectar que cuando empiezo a blasfemar jurar en español lo más prudente es dejarme tranquilo, tecleaba en su ordenador con inmutable cara de póker -sólo una ceja ligeramente levantada delataba su regocijo interno.  Intenté recordar los sitios potencialmente peligrosos que había visitado el día anterior -páginas guarrindongas, descargas ilegales, programas pirata, o sea, lo de siempre, o sea, todos.  Al final, harto de estrujarme las meninges, tiré por fin la toalla y llamé al responsable de IT de la empresa, que tras rimbombante nombre esconde un chino subcontratado con menos idea de informática que mi hijo el pequeño, y que por supuesto llegó dos horas más tarde, y no te quejes encima,  Tras opinar discretamente sobre las actividades profesionales de su madre, le dejé trasteando en mi difunto ordenador y fui a estresarme a otro lado de la fábrica.

Cuando regresé, una hora más tarde, me encontré al chino buscando soluciones por internet y traduciéndolas al chino -no habla inglés, por supuesto- con el Google Translator.  Contiendo a duras penas el ataque de histeria, le aparté cariñosamente de su puesto (quita de ahí, gilipollas) me remangué, y recordando los tiempos en que me ganaba la vida con la informática (básicamente, enseñando tonterías a gente más ignorante que yo) me dispuse a desfacer el entuerto.  Como toda arma, aparte de mi osadía, contaba con el disco de rescate que viene con el ordenador.  En chino, por supuesto.

te matoMiren, no les voy a dar el coñazo contándoles el patético fin de semana que he pasado.  Son las once de la noche del domingo y mi mujer no me habla, pero el ordenador funciona con todas sus características.  El disco duro ha sido formateado al amanecer, he perdido mis películas, mis series y las fotos de mis amigas, y he salvado todos los datos del trabajo (podía haber sido al revés, coñe) pero no los programas.  Me queda por delante una excitante semana para ir descargando programas -copias ilegales, por supuesto- y conseguir que el cacharro retome la funcionalidad que una vez tuvo.  En fin, me consuelo pensando que una limpieza de vez en cuando no viene tan mal.  Como modesta venganza, más bien recurso del pataleo, he colocado como fondo de escritorio una pantalla también negra, con una calavera que proclama “Windows XP – Edición Pirata” y que responde exactamente a la realidad.  Ardo en deseos de hacer la próxima presentación con proyector a un cliente.  Y nada me gustaría más que algún fulano de Microsoft me pidiera explicaciones.  ¿Y ustedes? ¿Siguen usando Windows Vista?  Me parece muy bien… pero luego no vayan por ahí diciendo que no les avisaron.  Suerte.

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18
Feb

DOS HEMBRAS Y UN DESTINO

Posted in Gentes  by Josema

No soy dado a tales excesos, como diría Sabina, pero una de las cosas que detesto en esta vida es separar a dos buenas amigas por puro egoísmo o motivos inconfesables.  Por ello, siempre que ando por ahí de pendoneo y alguna de mis interlocutoras me presenta a su amiga del alma, compañera de fatigas o “wingwoman“, lo normal es que mi viejo corazón se sienta conmovido ante tamaña prueba de amistad y terminemos los tres en mi habitación del hotel, viendo la tele y eso.

Susan y Jenny (otra Jenny, no la de antes) andaban aquella noche un poco despistadas y fuera de lugar por el “P&W”, y se les notaba a la legua.  En primer lugar porque la concurrencia femenina de tan célebre abrevadero está compuesta normalmente por un 95% de nativas de Mongolia y ellas eran chinas, y además tampoco parecían muy duchas en la materia que se suele cocer por allí, como delataban sus miradas con ojos muy abiertos a la concurrencia y sus frecuentes cuchicheos.  Constituían sin embargo una pieza apetecible dado el exotismo relativamente inusual que exhibían por aquellos pagos, por lo que varios parroquianos de origen probablemente germánico habían empezado ya discretas maniobras de aproximación.  A un servidor siempre le han gustado los desafíos y dar un poco en los morros al resto de rivales, especialmente si son teutones -modesta represalia por otros temas que no vienen a cuento-, así que ayudado por mi legendaria gnosis del establecimiento y de las costumbres locales no me fue difícil llevármelas a un rincón y empezar a entablar relaciones amistoso-comerciales con ellas.

Me contaron que eran de la provincia de JiangXi, que acababan de llegar a Beijing, que estaban intentando hacer amigos… la historia de siempre.  En el caso de Jenny había acertado de pleno, era una chavala de pueblo poco o nada viajada y que sin embargo disponía de un sex-appeal más que considerable, al que no era ajeno el wonderbra de la talla 110 que calzaba.  Susan, sin ser fea era en cambio una vieja loba con muchas horas de KTV en sus espaldas (o donde fuera), aunque hablaba muy poco inglés y sin duda no había visto tantos laowais juntos en su vida.  Echamos un par de cervezas, desplegué mi gracejo habitual -aquella noche estaba de buen humor- y empezamos a congeniar sin dificultad.  Viendo sin embargo que la competencia (esta vez italianos, menudo peligro) empezaba a rondar por los alrededores, con actitud de opinar que aquello era un bocado demasiado ambicioso para un tipo tan canijo, decidí llevármelas a conocer Pekín la nuit.  Se mostraron tan encantadas con la idea que llamaron a una tercera amiga que también andaba por allí, la cual respondía al nombre de Rosa y a pesar de su juventud era ya dueña de una belleza inquietante, y allá que nos fuimos los cuatro.

Jenny & SusanEn Suzie Wong´s Susan captó de inmediato las posibilidades laborales del local y comenzó a explicárselas en dialecto local a Jenny, que asentía muda de asombro.  Rosa se vio acosada por un chino borracho que cayó rendido a sus pies tan pronto la vio, y que la arrastró hasta una mesa apartada donde quedó fuera de mi alcance.  Me llevé a Jenny a conocer el resto del local mientras dejamos a Susan calculando márgenes comerciales, yo a mi vez pensando en lo afortunado que había sido al conseguir en el hotel aquel mismo día un upgrade gratis a suite de lujo, con muchos sofás y eso, donde quedaría estupendo un trío de señoritas tan aparente.  Lamentablemente, cuando volvimos a recoger al resto de la tropa, Rosa nos informó que se volvía a casa, no con el tipo chino sino sola, y nos deseaba la mejor de las venturas para el resto de la noche.  Si Susan le había obligado a sacar la paja más corta para tocar a más, o ella misma decidió que si tres son multitud cuatro son ya un batallón de infantería, el caso es que me quedé con ganas de conocerla mejor, con aquellos pómulos elevados sobre un rostro de serena belleza manchuriana.  Poco podía yo imaginar yo que la providencia, una vez más inmerecidamente generosa conmigo, tenía en reserva otros planes para ella y yo.  Pero eso, en cualquier caso, es otra historia.

Jenny, Susan y un servidor fuimos a un par de sitios más, pero las muchachas no estaban en ambiente, no tenían muchas ganas de bailar ni tampoco querían beber nada, y pronto empezaron a mostrar inequívocos síntomas de cansancio.  Las invité sin más preámbulos a tomar la última copa en mis aposentos, aceptaron sin más comentarios, lo cual me sorprendió un poco especialmente en Susan, y cogimos un taxi con rumbo al hotel.  Allí, sin más cháchara inútil, las dejé viendo la tele y me fui a dar la preceptiva ducha.  Cuando salí del baño, las dos estaban en la cama, tapadas hasta el cuello y sonriendo maliciosamente.  Agradecí en silencio la buena costumbre que tengo de pedir siempre en los hoteles la cama más grande de que dispongan, y me coloqué en medio de las dos, babeando anticipadamente como un chavalillo ansioso de saborear un apetitoso pastel.

Intenté conocer -ya me entienden- un poco mejor a Jenny, de la cual hasta el momento únicamente había podido comprobar que la talla 110 era toda suya.  Sin embargo la chavala no estaba en su mejor noche, cumplió sin más y no se mostró especialmente receptiva, lo que me apenó bastante porque había llegado a gustarme de verdad.  Susan por su parte no me sorprendió gran cosa, un poco demasiado canalla para mi gusto y en exceso dedicada al grano del asunto.  Era tarde, estaba cansado y un poco bebido -la edad tampoco perdona, como me recuerdan constantemente algunos que dicen ser mis amigos- así que las invité cordialmente a dormir aquella noche juntitos y continuar estrechando lazos de amistad a la mañana siguiente.  Entonces, y sin mediar provocación, se levantaron al unísono como impulsadas por un resorte, y allí mismo comenzó uno de los altercados más grotescos que recuerdo haber sufrido por estas tierras.

Ambas señoritas anunciaron a dúo y en tono que sonaba perfectamente ensayado su pretensión de ser económicamente compensadas, y con gran generosidad nada menos, por sus desvelos en cumplir mis depravadas desviaciones sexuales.  Uno, que no es ningún ingenuo y ha aprendido desde pequeñito que el sexo nunca es gratis -aunque a veces hay suerte y sólo cuesta dinero-, se sintió sin embargo un poco fastidiado por semejante farsa en horas tan intempestivas, así que empecé a negociar a la baja y en tono pretendidamente amenazante.  Pasé de montar el numerito de la falsa llamada a Seguridad -total, las tías nunca se lo creen o no tienen ni idea de quién es Seguridad- y traté de mantener la cosa en términos civilizados, pero Susan se había subido a la parra, exigía una cantidad exhorbitante de dinero, y no se avenía a razones.  Así que allí estábamos los tres, a las cuatro de la madrugada, de pie y completamente desnudos en mitad de la habitación, intercambiando reproches e insultos a grito pelado en una mezcla de chino, inglés y español (que suena convincentemente brutal cuando uno está cabreado), mientras la cosa se alejaba a pasos agigantados de poder ser resuelta pacíficamente.  Estaba ya pensando, francamente alarmado pero sin perder el tipo, cómo demonios me las iba a arreglar para salir de aquélla sin dejar demasiados pelos en la gatera, cuando Jenny, esplendorosa en su desnudez, su recato repentinamente superado, avanzó resuelta hacia mí y mirándome a los ojos dijo en voz baja pero tomada por la rabia:  “Danos lo que dices, más cien yuanes cada una para el taxi, y lo dejamos aquí ¿vale?”.

Susan enmudeció de repente.  Jenny y yo nos quedamos mirando un par de segundos más de lo necesario.  Ella sabía de antemano que yo iba a aceptar.  Quise decir algo airoso e incluso quedar como un caballero, pero evidentemente no era el momento ni el lugar.  Lamenté sinceramente no haberla conocido en mejores circunstancias e incluso intenté patéticamente transmitírselo con la mirada.  Pero en los ojos de Jenny no había nada, tan sólo desprecio, el desprecio más profundo y más doloroso que he visto jamás.  Si era por mí o por ella misma, no tuve manera de averiguarlo, ni en aquel momento ni en las muchas veces que me he acordado después.  Supongo que era por los dos.  Pero ya daba igual.

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16
Feb

TRAS EL BIOMBO

Posted in Tatuajes  by Josema

Tras el biombo

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