Oh! China
El lado canalla de la China

Archive for the ‘Cuentos Chinos’ Category

12
Jul

OJO CON ESAS COPAS

Posted in Cuentos Chinos  by Josema

copas, copas copasLos días en que los laowais crápulas no están de servicio, mayormente porque el cuerpo –o la cartera– no aguantan tanta tralla, se dedican a beber reposadamente en horas normales, en bares normales y rodeados de gente aparentemente normal, con la que son proclives a intercambiar confidencias sobre sus asombrosas hazañas erótico-alcohólicas.  En esos días, si te toca en la barra al lado de alguno de estos irrepetibles ejemplares humanos, puedes –una vez aplicada la correspondiente reducción mediante el coeficiente de Justerini– comprobar que no eres el tipo más listo y crápula de la ciudad, como tú pensabas, ni tampoco el único idiota al que le pasan cosas raras con las mujeres.  A veces incluso hay suerte y aprendes algo, normalmente escarmentando en cabeza ajena.

El inglés que me tocó en suerte en Malone´s aquella noche –¿Qué demonios hacía yo con un inglés? buena pregunta… vaya en mi descargo que no me enteré hasta pasadas un buen par de horas– parecía no obstante un tipo serio y sensato.  Me estuvo contando sus viajes por todo lo largo y ancho de este mundo, sus negocios, lo de siempre.  Entonces, a eso de las once, empezaron a llegar las primeras “working girls”, y el tipo se puso tenso.  “¿Aquí también hay mujeres de esas? Me habían dicho que no”.  “Pues ya ves” –contesté un tanto fastidiado– “tranquilo, que no muerden.  Sólo si les pagas”.  Entonces el fulano se quedó callado un rato, después le dio un largo trago a su Cocacola, y por fin me contó su triste y conmovedora historia.

El caballero estaba en Hong Kong, de visita en la oficina local de su empresa, y una noche cualquiera, como buenos anfitriones pero sin premeditación ni alevosía, sus compañeros de trabajo se lo llevaron de farra.  Recalaron en uno cualquiera de los garitos de Lockhart Street en Wanchai, lo que delata el buen gusto –y las tendencias festivas– de sus compatriotas.  El tipo me juraba y perjuraba que a él no le van esos ambientes, que jamás le ha sido infiel a su mujer ni con una fulana, en fin, la historia de siempre.  Pero para no quedar mal y aparentar el hombre de mundo que se supone debe ser un hombre de su posición, decidió tragar y pasar por el aro.  Entabló conversación con la vistosa chinita que le colocaron enfrente, alarmantemente escasa de ropa pero alegre y comunicativa, e incluso, él que no bebe, se atrevió con un par de cubatas.  A nadie le pareció raro que la chica se lo llevara a una mesa apartada, e incluso es probable que alguien intercambiara un guiño malicioso.  Copas van, copas vienen, recuerda que de repente se sintió mal, y la chinita se ofreció amablemente a llevarle a su hotel, ante la aquiescencia burlona de sus colegas que sin duda pensaron “mira con el mojigato”.  Después, me confesaba compungido, lo siguiente que recuerda es haberse despertado en su habitación, veinticuatro horas más tarde, desnudo encima de la cama y sin dinero, sin teléfono móvil y sin el peluco original marca Omega, de los de a tres mil libras de vellón la pieza.

“¿A quién se le ocurre llevar un reloj de verdad en China, hombre?” le comente con ánimo de levantar un poco el tono dramático del momento.  “No sería un regalo de tu mujer…”.  El tipo me miró sin comprender, o tal vez ofendido ante mi asombrosa falta de sensibilidad.  Como tenía no obstante interés en saber el final de la historia, puse en acción mi legendario sentido de la entropía, y aguantándome las ganas de reír pasé en cambio a mostrarme tremendamente receptivo.  Me siguió contando entonces cómo había llamado inmediatamente a su mujercita allá en la lejana Albión –mal hecho– la cual evidentemente le había puesto a parir y le había conminado a poner el asunto en manos de la policía –una idea más horrible aún, y menos en Hong Kong–.  En fin, para hacer corta una larga historia, en la comisaría local un aburrido policía, tras escuchar su historia, le mandó al hospital a hacerse un análisis, que una vez revelado descubrió ligeros trazos de Rohipnol aún navegando entre sus glóbulos rojos.  Tras acojonarle un buen rato con los implicaciones legales de contratar los servicios de una prostituta –“la tía era una profesional”, me contaba, “dejó tirados en la habitación unos cuantos envoltorios de condones y algunas botellas vacías del minibar”– al parecer su intachable reputación de honorable hombre de negocios prevaleció sobre las sospechas iniciales, y pasaron a darle la bienvenida al club de los drogados-por-fulanas-para-robarte-hasta-el-hígado.  Debe de ser una actividad recreativa bastante de moda en Hong Kong, aunque en Shanghai yo no he oído hablar de ella, sea porque no existe –los laowais locales debemos ser tan idiotas que no hace falta ni echarnos droga en la bebida para robarnos– o porque nos callamos todos como putas, y nunca mejor dicho, y no vamos contando por ahí este tipo de cosas.ojo con las copas

En estas estábamos cuando se nos acercó Joy, alegre y combativa como siempre, para saludarme y ver de paso si caía algo.  “¿Este es tu amigo?” preguntó, inocentemente.  “Sí, pero no bebe”, contesté sin poder reprimirme, lo que tuvo el inmediato efecto de que el inglés pusiera pies en polvorosa mientras nos dedicaba una mueca de profundo disgusto.  “Anda, y a éste qué le pasa…” comentó la buena de Joy, un poco sorprendida por el exabrupto.  “Los ingleses, que son muy raros, déjalo.  ¿Quieres tomar algo?”

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26
Jun

DE “RAPIDILLO” A “SUPERMAN”

Posted in Cuentos Chinos  by Josema

Bueno, pues ya es seguro: el gobierno chino está firmemente decidido a cargarse todo lo que huela a sexo en internet.  La penúltima víctima de este descabellado intento de poner puertas al campo ha sido Google, severamente criticado en varios medios oficiales por ofrecer en sus resultados de búsquedas algunos enlaces a sitios guarrillos e incluso descaradamente pornográficos.  El gigante americano, lejos de enarbolar la bandera de la democracia y de la libertad de expresión, como nos tiene acostumbrados el primo yanqui, se ha bajado los pantalones –no es primera vez, ni será la última–, ha pedido disculpas y ha procedido a auto-censurarse en un increíble ejercicio de auto-patetismo.  Y la última víctima, aunque son sólo rumores o tal vez un “error de traducción”, parece ser que van a ser los sitios web chinos de contenido médico o científico, que también van a ser severamente censurados en sus contenidos relativos al sexo.  Vivir para ver.

Con tan severa persecución pronto dejaremos de ver perlas cultivadas como la de abajo, uno de esos “infomerciales” tan frecuentes por aquí en el que ofrecen una solución a todos aquellos que sufrimos sufren en silencio su problema de eyaculación precoz… una droga milagrosa que le hará pasar de ser un vulgar y patético “rapidillo” a un auténtico “supermán” en la cama, oiga.

Empieza la cosa presentando a una pareja cuyo miembro masculino (y nunca mejor dicho) tiene severos problemas de poderío y de velocidad, lo que le impide satisfacer a su pareja como ella sin duda se merece.  Como pareja antagonista, nos presentan al señor Wang, que a pesar de sus cuarenta años (¿eso es ser mayor? ains, que depresión) es capaz aún de elevar a su joven esposa de 26 a cotas insospechadas de placer.

¿Quiere usted ser tan potente como el señor Wang?  ¿Durar tanto como dura el señor Wang?  ¿Tan fuerte como el señor Wang?  ¿Tan intenso como el señor Wang?  ¿Quiere usted ver a su pareja agarrarse frenéticamente a los postes de la cama mientras desgarra las sábanas como una loca?  ¡Pues déjese de chorradas y use YANGLI, coño!

Para apoyar las bondades de la droga milagrosa, sale su inventor –un conocido actor en paro, indudablemente– a explicarnos, con la ayuda de unas encantadoras animaciones, cómo funciona la cosa, y los resultados que produce de forma inmediata: un aumento de tamaño desde un miserable pepinillo hasta convertirse en un enorme rábano, y unas erecciones al 100%, como las de los “potentes hombres occidentales” (sic).  Y para demostrarlo, traen al programa a un simpática rusa profundamente insatisfecha con su marido chino.

Rusa: En mi país damos gran importancia a la armonía sexual de la pareja.  Cuando yo me casé, ya me advirtió mi madre de que los hombres orientales tienen el pene pequeño.  Y los problemas sexuales tarde o temprano afectan la vida de la pareja.

Presentadora: ¿Y eso fue lo que le sucedió tras el matrimonio?

Rusa: Exactamente.  No podía ni sentirle dentro.  El pene de mi marido aparentemente es de buen tamaño, pero aún muy pequeño comparado con el de los hombres de mi país (tomen nota).

Presentadora: ¿Y cómo solucionó usted el problema?

Rusa: Después de que mi marido tomó YANGLI, me di cuenta de que comparado con antes, con unas erecciones al 30%, ahora su pene se ponía al 100%, como un rábano gigante.  ¡Era incluso más grueso y grande que el de los hombres rusos!  ¡Increíble!remedio natural

Increíble sí que es que en un país supuestamente civilizado pongan estas cosas por la tele, que sin duda contribuyen a potenciar el ya de por sí devastador efecto de la cáscara de arroz sobre las meninges…  así que después de todo, a lo mejor la cruzada anti-sexo oficial sí que tiene algunos efectos colaterales positivos.  Yo de todas formas, puestos a estimularme y para evitar tropezones sexuales, pienso que lo mejor es dejarse de drogas milagrosas y seguir utilizando los remedios naturales.  De toda la vida.

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29
Nov

VAMPIROS CHINOS

Posted in Cuentos Chinos  by Josema

Estaba yo buscando información sobre las diferentes técnicas de “marketing viral” y los ARG o “juegos de realidad alternativa” –otro día les contaré de qué van, es impresionante lo que inventan los otros blancos– para tratar de reflotar nuestra maltrecha empresa, cuando me enteré de que una serie de tv americana había empleado tan avanzadas técnicas con bastante éxito.  La serie es “True Blood” de la HBO, y como esa gente sólo sabe hacer cosas buenas decidí darle un try y me descargué el primer episodio –ilegalmente, por supuesto.

El resultado es que ahora estoy enganchado a una serie aparentemente chorra pero adictiva, doce capítulos calentitos en mi disco duro, en la cual unos vampiros modernos coexisten más o menos pacíficamente con los ciudadanos mortales de una pequeña aldea de Luisiana.  Los vampiros se alimentan de una sangre sintética especialmente desarrollada para ellos y ya no muerden a casi nadie, pero eso no impide que surjan algunos otros problemillas de convivencia que estoy impaciente por ver.  Llevado por un reciente e inusitado afán de sabiduría acerca del vampirismo, le pregunté a mi parienta si también en China hay vampiros, y entre lo que ella me ha contado –dos horas de tabarra, en mala hora se me ocurrió preguntarle– y la inestimable ayuda de la Wikipedia, esto es lo que he llegado a colegir sobre tan inquietante asunto.

Los vampiros chinos o “Jiang Shi ”, que haberlos haylos, son más parecidos al concepto occidental de “zombie”, aunque tal vez llevados por las siempre nefastas influencias occidentales, de un tiempo a esta parte también chupan la sangre de sus víctimas.  Otras aficiones incluyen el desmembramiento del damnificado y la violación de jóvenes doncellas, lo cual indica que tontos no son del todo.  Un Jiang Shi suele ser el resultado de una muerte violenta o un enterramiento hecho de mala manera, por ejemplo unos cuantos días más tarde de la muerte, o lejos de su hogar, o sin el debido respeto al difunto.  Con 1.300 millones de chinos ocupando un lugar bajo el sol, se pueden ustedes imaginar las elevadas probabilidades que existen de que estas cosas sucedan con frecuencia, y los campos y callejones chinos estén rebosantes de almas en pena dedicadas a dar sustos de muerte a pacíficos ciudadanos.

¿Cómo detectar un vampiro chino sin posibilidad de error?  Es medianamente fácil.  Si se encuentra usted un individuo tieso como un palo, vestido con ropajes de la dinastía Ming, que juna menos que una piedra y avanza dando saltos espasmódicos, casi seguro que ha topado usted con uno de ellos.  Si el fulano luce un largo pelo blanco, uñas de siete leguas y encima puede volar, los síntomas se agravan considerablemente.  Y si además intenta arrancarle a usted un brazo, o hace amago de pasársele por las armas si es usted una apetecible y virginal mozuela, casi seguro que lo que tiene delante no es trigo limpio.

¿Cómo albergar esperanzas de supervivencia ante el ataque de un vampiro chino?  Lo primero es no perder la calma y recordar que sus debilidades son nuestra fortaleza.  Los vampiros no ven y se tienen que guiar por el aliento de sus víctimas, así que la primera medida es estarse muy quieto y no respirar.  Si el vampiro se acerca mucho o corre usted peligro de asfixiarse, saber Kung-Fu ayuda también bastante.  Haga ruidos fuertes o dirija una fuente de luz brillante hacia el monstruo –¿vendrá de ahí la costumbre que tienen estos hijoputas de circular de noche con las largas y las antiniebla a todo meter?  Si hay un rio cerca, crúcelo de inmediato, ya que los vampiros no pueden hacerlo.  Si todo lo anterior falla, o tampoco sabe nadar, entonces amigo mío está usted jodido, y tendrá que emplear métodos más resolutivos.

Si en las cercanías hay algún monje taoísta, alquile sus servicios de inmediato, ya que estos personajes parecen dominar los secretos del control de vampiros.  De hecho parece que sobre ellos recae parte de la culpabilidad por su existencia, ya que antiguamente las familias pobres contrataban sus servicios para traer a los miembros que fallecían en lejanas tierras y darles debida sepultura en su casa.  Los monjes enseñaban al cadáver a desplazarse dando saltos y así tener menos trabajo, pero parece ser que algunos muertos se les fueron de caña y contribuyeron a realimentar la leyenda –y de paso las arcas de los monjes, que ahora viven de realizar exorcismos anti-vampiros.  La costumbre de traer los muertos a enterrar a casa es también la causante de que no vea usted chinos en los cementerios españoles, así que no sea usted mal pensado y deje ya de tener esa injustificada aversión hacia los restaurantes chinos.

Un papel amarillo con ciertas palabras mágicas escritas en el mismo y pegado en la frente del vampiro también tiene un efecto fulminante.  Para escribir los signos correctamente le hará falta el mismo sacerdote taoísta de antes, pero llevar siempre un taco de post-it en el bolsillo es de una ayuda inestimable.  Por lo demás, estacas de madera, balas de plata, agua bendita o enormes ristras de ajos no le servirán de nada.  Sólo la sangre fresca de pollo, si es posible mezclada con ese horrible arroz pegajoso –”glutinous rice”, le llaman– que nos dan un par de veces al año so pretexto de costumbres ancestrales, podrán salvarle del ataque del vampiro.  La próxima vez que se lo ofrezcan en un banquete guárdelo y diga que es por su seguridad, con lo que de paso se ganará el inmediato respeto de toda la concurrencia.  El arma definitiva parecen ser sin embargo esas ristras de monedas con agujero central y ensartadas en una cuerda roja, que ha visto usted innumerables veces en el mercadillo de su barrio.  Pregúntele al vendedor si están homologadas para repeler vampiros y aproveche su estupor para conseguir un buen descuento.

Digo yo que también existirán vampiras femeninas –lo que no sé es si también acostumbran a violar a sus víctimas–, pero a pesar de mi notoria afición por la belleza exótica, casi como que prefiero las chinas normalitas.  En cuanto a usted, espero que leyendo estas líneas haya aprendido algo más sobre los vampiros y si se encuentra alguno por estas tierras y a pesar de todo no puede liquidarlo, relájese y confíe en que al menos la sepa chupar bien –la sangre, caramba, no me sea usted mal pensado.

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